”Un borracho siembra en su familia pobreza, vergüenza, ignorancia, trauma, inseguridad, miedo, dolor y miseria.”

 

”No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Gálatas 6:7.*

Si hay un nivel o grupo social donde el enemigo está haciendo su trabajo causando grandes daños y estrago; Es en la familia.

Los hogares fueron infiltrados, el enemigo logro alcanzar los corazones de los diferentes integrantes, especialmente en quienes tienen la responsabilidad de criar, conducir o dar ejemplo al núcleo familiar, sembrando en ellos malos sentimientos.

La desesperanza toma posesión y control del día a día de la persona, haciéndole ver que todo se derrumba a su alrededor, la pobreza comienza a ejercer presión especialmente en el área de ingresos financiero, lo poco que se gana no alcanza para lo mínimo indispensable.

El desaliento crea incredulidad y la incredulidad dudas (Falta de Fe), de esa manera el enemigo abre una brecha que paulatinamente llevan al hombre al camino de los vicios, comenzando por sucumbirlo primeramente en el más común; Consumo de Bebidas Alcohólicas hasta convertirlo en un borracho empedernido, en la conciencia de la persona el enemigo implanta y hace germinar una semilla de frustración que a cada instante le recuerda que es un fracasado y su única posibilidad está en sumergirse en los vicios. Es importante saber que el enemigo sabe qué; ”ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” 1ra. a los Corintios 06:10.

Nosotros los padres somos el ejemplo a seguir por el resto de la familia, se marca la pauta de lo que sea aspira sea las familia que nacen del entre lazado de apellidos o línea consanguínea entre distinto grupo, para eso contamos con la ayuda del Mayor de Todos Los Padres, sigamos su ejemplo y recomendación.

”No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 06: 8 al 13

A…G.

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