Yo no le temo a ninguna enfermedad, porque Cristo la venció en la cruz del calvario.

 

Mucha gente tiene temor a lo que vendrá en los próximos meses, la humanidad está alarmada por las noticias acerca de las enfermedades, específicamente el coronavirus, pero debemos confiar que nada sucederá sin que Dios no lo permita. La sangre de Cristo tiene poder para sanar todas las enfermedades, siempre  cuando tengamos fe, que Dios hará la obra. Aquí le dejamos una hermosa reflexión en la que puedes meditar, y reflexionar.

 

Bendiciones en Cristo Jesús. Un espejo en una casa es útil, permite despejar dudas de la figura y estética, igualmente la Santas Escrituras nos develan y nos instruyen, nos hacen reflexionar en las causa de nuestros afanes, ven vamos juntos, te invito reflexionemos en Eclesiastés 1: 1 al 18.

”Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.  ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.

 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él. Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse. Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia. Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.” Amén.

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